CÓMO EVITAR EL ESTANCAMIENTO

CÓMO EVITAR EL ESTANCAMIENTO

Algo que tenemos en común la mayoría de las personas que entrenamos es el estancamiento. Llegado un punto, descubrimos que no mejoramos, no somos capaces de perder grasa, correr más rápido, levantar más peso o ganar más masa muscular. Esto no es raro. Más bien es una consecuencia de mantener una misma metodología de entrenamiento durante un espacio de tiempo muy seguido. Por eso, ante una situación de estancamiento, hemos de obrar realizando cambios en nuestra rutina para poder seguir progresando.

Cambia la estructura de entrenamiento.

Si estamos acostumbrados a una rutina en la que cada día entrenamos un par de grupos musculares distintos, podemos modificarla por una full body, o torso-pierna. Esto nos obligará a modificar la propia estructura, es decir: número de series, de repeticiones, ejercicios más globales con mayor número de grupos musculares implicados… es una gran medida para evitar el estancamiento.

Aumentar el volumen del entrenamiento.

Sencillamente, consiste en aumentar el número de entrenamientos semanales o el número de ejercicios en cada sesión de entrenamiento. El cuerpo tendrá que buscar una adaptación ante este cambio, pues aumenta la capacidad de trabaje, y esto consiste en un progreso.

Aumentar la intensidad.

Si ya entrenamos numerosas sesiones por semana o dichos entrenamientos son largos de por sí, la solución tal vez esté en aumentar la intensidad de las mismas. También se puede dar cuando no disponemos de más tiempo para poder entrenar. Esta solución consiste en reducir las sesiones pero aumentar los pesos y reducir los tiempos de descanso. Con esto conseguiremos trabajar con un punto más de fatiga buscando la adaptación y progresión.

Incrementar el descanso.

En ocasiones la respuesta a nuestra falta de mejora puede ser tan sencilla como que no descansamos lo suficiente y así impedimos que el cuerpo recupere y asimile el entrenamiento. Aquí no somos muy amigos de parar de golpe, pero sí que conviene realizar una semana suave o de descanso activo cada tres semanas de duro entrenamiento, por ejemplo. Así permitiremos al cuerpo recuperar y volver más fuerte.

Echa un ojo a tu dieta.

Somos lo que comemos, ni más ni menos. De nada sirve que nos enfoquemos en un entrenamiento meticuloso y medido al milímetro si no controlamos la dieta en cuanto a sus componentes (y no comemos alimentos sanos y con buenos nutrientes) o no ingerimos las cantidades adecuadas a nuestro objetivo. Con unos pequeños ajustes en este apartado, deberíamos ver progresos rápidamente.

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