ENTRENAR POR PULSO. BENEFICIOS

ENTRENAR POR PULSO. BENEFICIOS

A la hora de realizar nuestros entrenamientos es importante siempre conocer y tener en cuenta ciertos parámetros para saber qué intensidad va a tener nuestro entrenamiento. Uno de estos parámetros que pueden determinar la intensidad es el pulso. Es verdad que no es el único ni 100% fiable en algunos casos (especialmente cuando se entrena con mucha fatiga acumulada), pero sí es un valor muy a tener en cuenta y decisivo para saber en qué zona de intensidad estamos trabajando.

Como decíamos, a la hora de entrenar hay muchas variables a tener en cuenta. En ciclismo nos podemos guiar por potencia (watios), en atletismo y carrera por tiempos tomados en la pista y piscina, etc. Sin embargo, el pulso es otra medida que podemos tener en cuenta en todos los deportes para saber a qué intensidad física estamos trabajando.

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En primer lugar tenemos que establecer nuestras zonas de entrenamiento. Para ello tenemos que conocer nuestras pulsaciones en reposo y nuestra frecuencia cardiaca máxima (FCM) que obtenemos en el momento de máxima intensidad. Una vez obtenidos estos datos ya vamos a ser capaces de reconocer el momento en el que trabajamos a umbral anaeróbico, que es el momento en el que el cuerpo ya no sintetiza ni absorbe el ácido láctico y este comienza a acumularse en los músculos, lo que hará que nuestro rendimiento descienda debido a la llegada de la fatiga.

Para conocer estos parámetros, lo ideal es realizarse una prueba de esfuerzo con profesionales, de forma que obtengamos unos resultados precisos y así podamos establecer nuestras zonas de entrenamiento. Una vez establecidos nuestros niveles de pulso, ya podemos sacar nuestro pulsómetro y entrenar con él.

En nuestra sesión incluiremos siempre un calentamiento. Esta parte sirve para comenzar a hacer carburar al cuerpo, ponerlo a tono para que esté preparado para la intensidad posterior. Por eso, lo ideal es realizar esta actividad a una intensidad no superior al 60% de la FCM nuestra. Esto se aplica también para el periodo de recuperación en la parte final del entrenamiento.

Si ese día nos toca entrenar el fondo o la resistencia (o lo que es lo mismo, tiradas largas y constantes del deporte que estemos realizando) tendremos que trabajar en una frecuencia  que ronde el 70% de nuestra FCM. De esta forma trabajaremos con una cierta, aunque ligera intensidad, pero permitiremos que la fatiga no llegue rápido. A este ritmo podemos realizar entrenamientos superiores a la hora.

Si lo que queremos es realizar un entrenamiento de calidad y alta intensidad, entonces debemos trabajar por encima del 70%. Para entrenamientos de series largas, fartleks, etc. Lo ideal es moverse en unas pulsaciones cercanas al 80% de nuestra FCM. Esas series a esa intensidad y con el adecuado descanso entre repetición y repetición van a hacer que progresemos.

Por último, también podemos trabajar series más cortas y sprints. Estos los haremos a una alta intensidad, al 85-90% de la FCM. Son series más cortas en tiempo y duración pero muy exigentes físicamente. En ellas vamos a trabajar sobre el umbral anaeróbico, con acumulación de lactato, de forma que mejoraremos nuestra capacidad de resistencia a la fatiga.

Athlete runner looking at heart rate monitor watch. Man running

Como hemos dicho anteriormente, antes de finalizar la sesión de entrenamiento es conveniente realizar una vuelta a la calma, o una rutina de recuperación, a una frecuencia del 60% de la FCM, para que el cuerpo se enfríe tranquilamente.

El entrenamiento por pulso nos va a permitir estructurar nuestros entrenamientos de forma que podamos realizar diferentes sesiones, todas de calidad y necesarias, que nos van a permitir mejorar nuestro rendimiento.

 

 

 

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