LA CINTA DE CORRER, ¿ENEMIGA O ALIADA?

LA CINTA DE CORRER, ¿ENEMIGA O ALIADA?

Una de las eternas preguntas a la hora de hacer deporte es si la cinta de correr es buena o mala. Estamos cansados (y liados) de oír mil opiniones diferentes. Por un lado, gente que dice que es poco menos que un invento del diablo dispuesto para destrozar tus rodillas; por otro lado, personas que están contentísimas de los resultados obtenidos y de la comodidad que les provoca ya que no tienen necesidad de salir al exterior a hacer ejercicio. En este artículo vamos a desgranar las ventajas y las desventajas que la cinta de correr tiene.

La primera ventaja evidente de las cintas es que nos van a permitir correr en cualquier condición climática y de temperatura. Por eso es ideal para los días de mucha lluvia, frío o nieve e, incluso, con calor extremo. De esta forma evitaremos condiciones con las que seamos susceptibles de coger procesos víricos, catarros o, en caso de calor extremo, deshidratación y bajadas de tensión.

La cinta de correr nos permite pisar siempre en una superficie lisa, sin obstáculos ni rugosidades en el terreno. De esta forma nos despreocupamos del suelo sobre el que pisamos. En este sentido, la cinta puede ser recomendable (siempre sin forzar) para regresar a la actividad física tras una lesión, pues no forzaremos en extremo el tren inferior sobre un terreno más accidentado que la lámina de la cinta.

A la hora de planificar un entrenamiento de cambios de ritmo, tipo Fartlek, la cinta es un buen aliado ya que podemos crear dicho entrenamiento y ajustar los ritmos y los tiempos que deseamos de forma exacta, con sus momentos de máximo esfuerzo y de recuperación perfectamente milimetrados.

Por último y, aunque sea un aspecto más secundario, la cinta permite a esas personas que les cueste más ponerse a hacer ejercicio realizar otro tipo de actividades mientras tanto como ver la televisión y así poder distraerse un poco mientras realizan deporte.

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En cuanto a las desventajas de las cintas de correr, la primera de ellas es el precio. Una cinta es cara (mucho más que comprarse un par de zapatillas solo y salir a correr a la calle). Por eso, lo habitual es estar apuntado en un gimnasio en el que poder disponer de ellas.

Las sobrecargas musculares pueden ser uno de los mayores problemas que nos podemos encontrar por abuso de la cinta de correr. Y es que cuando corremos en cinta, casi todo el impacto recae sobre cierta zona, la zona de la musculatura isquiotibial, para ser más precisos. Esto se debe a que solo necesitamos usar la musculatura flexora ya que las piernas solo se estabilizan, no necesitan propulsión. Como consecuencia de esto, además, en la cinta se queman menos calorías ya que las condiciones no son las mismas que las que nos encontramos en la calle (terreno irregular que nos hace usar más grupos musculares, viento, subidas y bajadas…).

Por eso, nuestro consejo es que la cinta no sea un sustitutivo de la carrera normal, sino que ha de ser un buen complemento. Este aparato, usado adecuadamente junto a otros tipos de ejercicios, nos va a permitir seguir mejorando nuestra forma y lograr una rutina divertida y variada de ejercicios que eviten la monotonía.

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