MÁSCARAS DE HIPOXIA, ¿SIRVEN PARA ALGO?

MÁSCARAS DE HIPOXIA, ¿SIRVEN PARA ALGO?

Es muy común en la actualidad ver a deportistas entrenando en la calle o en gimnasios con aparatosas máscaras como si fueran las fuerzas de seguridad con sus famosos trajes NBQ para protegerse de agentes químicos, biológicos y radiactivos. Sobre todo, es normal verlo en atletas que se dedican a las artes marciales. Evidentemente, es una herramienta un tanto peculiar y llama enormemente la atención. Por eso, hoy vamos a contaros qué supuestos efectos provocan y si son útiles o no.

En primer lugar, hay que saber que este artilugio se conoce como máscara de hipoxia porque simula, precisamente, esta situación. Es decir, simula un escenario con un nivel de oxígeno reducido frente al porcentaje normal presente en el aire.

La consecuencia más directa de la menor presencia de oxígeno es que la fatiga muscular llega antes ya que el organismo necesita trabajar más para transportar O2 a nuestros músculos. Nuestro ritmo cardíaco se acelera y nos fatigamos más pronto.

Sin embargo, el entrenamiento en condiciones de hipoxia también tiene grandes ventajas. Y es que, al trabajar en esas condiciones, el cuerpo se amolda a esa situación y aumenta el hematocrito, que no es otra cosa que el volumen de glóbulos rojos (los encargados del transporte de oxígeno) en sangre. Esta mayor tasa de hematocrito tiene unas ventajas claras ya que nos permite retrasar la fatiga muscular. Seremos, por ejemplo, capaces de trabajar a una misma intensidad alta con menos pulsaciones que las que teníamos antes del periodo de entrenamiento en hipoxia.

No obstante, se ha demostrado que para lograr estas mejoras fisiológicas lo ideal es entrenar y vivir en altura (ya que la concentración de oxígeno es menor) durante dos o tres semanas, al menos. Muchos deportistas realizan concentraciones en altura para alcanzar estos objetivos. Otros, en su lugar, reproducen estas condiciones durante su descanso y duermen en cámaras de hipoxia.

En cualquiera de estos dos casos, son procesos largos, que duran varias horas y se prolongan durante días. Ahí viene el principal problema de estas máscaras. Y es que, aunque aún no hay estudios concretos acerca de ellas, sí se sabe que un entrenamiento de un par de horas con ellas no es suficiente para crear ese tipo de adaptaciones en el organismo como lo puede hacer entrenar y residir  por encima de los 2.000 metros de altura. Sí que se reconoce el beneficio que pueden tener dichas máscaras a la hora de mejorar la musculatura respiratoria en situaciones de estrés y fatiga.

Por eso, desde aquí avisamos de que los atajos muchas veces no son buenos. Estas máscaras no provocan beneficios a priori a corto plazo y sí que pueden causar ciertos problemas ya que nos pueden obturar las vías respiratorias. De momento, se trata más de una moda innecesaria que de un aparato con claras ventajas para nuestra mejora fisiológica.

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